Un análisis de 35 años de registros satelitales detectó similitudes entre el fenómeno actual y el ocurrido en 1997-1998, uno de los más intensos registrados. Los científicos advierten que el calentamiento del Pacífico podría alterar los patrones de lluvias y sequías en distintas regiones del mundo durante los próximos meses.
La NASA analizó imágenes satelitales que muestran cambios en la altura de la superficie del océano, un indicador utilizado para identificar la acumulación de agua cálida. Los registros de octubre de 2026 revelan una distribución del calor similar a la observada en 1997, con niveles del mar más elevados en el Pacífico oriental y una expansión de las aguas cálidas hacia las costas de Sudamérica. Según Josh Willis, científico del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la agencia, las observaciones actuales apuntan a que el episodio podría ser incluso más intenso que aquel.
Entre las primeras señales identificadas se encuentran las ondas Kelvin, que transportan agua cálida desde el Pacífico occidental hacia el este y pueden debilitar los vientos alisios. Para abril, estos pulsos ya habían alcanzado el Pacífico oriental y contribuido a elevar la superficie del mar entre 30 y 40 centímetros en algunas zonas. Además, los satélites detectaron cambios en la concentración de fitoplancton, vinculados con la reducción del ascenso de aguas profundas ricas en nutrientes.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estimó en un 83 % la probabilidad de que El Niño mantenga una intensidad fuerte o muy fuerte durante el primer trimestre de 2027. Sin embargo, los especialistas advierten que la intensidad del fenómeno no determina por sí sola sus consecuencias: la distribución de las aguas cálidas y la respuesta de la atmósfera serán fundamentales para definir qué regiones enfrentarán mayores precipitaciones, inundaciones o períodos de sequía.




